Cada vez hay más gente que incorpora el fitness funcional a sus rutinas de entrenamiento”, afirma uno de los expertos con los que ha hablado GQ, quien también recomienda estos ejercicios por su utilidad cotidiana, para prevenir lesiones y ayudarte a superar periodos de estancamiento.
Fuente: elmundo.es
Los grandes objetivos son una gran motivación para entrenar, tanto si estás ganando músculo para el verano como si entrenas para tu primera media maratón. Pero en términos generales, estos hitos son muy breves, más si los comparas con los anodinos movimientos y actividades cotidianos para los que más utilizamos nuestro cuerpo.
No estoy sugiriendo que dejes de entrenar por estética (esto es GQ.) Pero vale la pena considerar la posibilidad de que tus entrenamientos hagan más por ti en tu vida diaria, es decir, que sean más funcionales.
“El fitness funcional es la capacidad de realizar actividades de la vida diaria”, explica David Goldman, nutricionista deportivo y fisiólogo del ejercicio. “Es el tipo de entrenamiento que harías en el gimnasio o en casa que te permite hacer las cosas que quieres —y necesitas— hacer en otras áreas de tu vida”, ya sea descargar la compra del coche o hacer un sprint rápido para coger el tren, sin torcerte la espalda ni sufrir un tirón en los isquiotibiales.
“Ahí es donde el fitness funcional sirve realmente ayuda”, afirma Matt Tanneberg, propietario de Body Check Quiropráctica y Rehabilitación Deportiva en Scottsdale, AZ. “Te mantiene estable y fuerte para todos esos momentos diferentes en los que no estás preparado para activar tu core o poner los pies en la posición correcta”.
Aunque el concepto de utilizar ejercicios en el gimnasio para imitar los movimientos cotidianos existe desde hace décadas, el entrenamiento funcional se ha puesto de moda recientemente, impulsado por el aumento de entrenamientos funcionales populares como el rucking y el crecimiento explosivo de Hyrox, la serie de carreras que combina correr con movimientos funcionales como empujar trineos y cargar granjeros. “Cada vez más gente incorpora el fitness funcional a sus rutinas de ejercicio”, afirma el Dr. Tanneberg.
A continuación te explicamos por qué cada vez más personas recurren a este tipo de entrenamiento y por qué deberías plantearte hacer lo mismo.
Puede que estés leyendo esto y estés pensando: “Yo ya hago entrenamiento de fuerza, así que estoy bien. Cuántame algo nuevo”. Y es cierto que el entrenamiento de fuerza generalmente tiene algunos beneficios prácticos para la salud fuera del gimnasio, incluyendo pero no limitado a promover la densidad ósea y prevenir el dolor de espalda, aspectos importantes, sin duda. Sin embargo, si sigues confiando en los mismos tipos de levantamientos estándar y en el mismo cardio sin sentido que has estado practicando desde la universidad, lo más probable es que tus entrenamientos no te estén preparando para situaciones del mundo real tan bien como podrían.
“Puedes ser la persona más fuerte del gimnasio y aún así lesionarte la espalda una vez al trimestre”, dice el Dr. Tanneberg, que cita a uno de sus pacientes que se lesionó la espalda tras levantar peso muerto al quitar los platos de la barra. “El entrenamiento funcional ayuda a eliminar muchos de esos problemas que pueden surgir, como un pellizco aquí, una punzada allá”, dice. “Mover el cuerpo a través de múltiples planos de movimiento —lateralmente, hacia atrás y no repetiendo siempre el mismo movimiento—, contribuye a fortalecerte y a estabilizarte”.
No es que un ejercicio como el press de banca con barra no te dé fuerza y músculo. Simplemente, no tiene muchas aplicaciones en el mundo real, aparte de presumir de músculos. “El press de banca es un ejercicio fantástico, pero muy pocas veces en la vida estamos tumbados boca arriba, levantando algo realmente pesado hacia el cielo. No es habitual que te caiga una roca sobre el pecho”, dice Goldman. Mientras tanto, un push-up con peso puede ejercitar los mismos músculos y ser mucho más beneficioso que lo que haces en el gimnasio. Con una flexión, “estás moviendo tu cuerpo a través del espacio —no sólo se mueven tus brazos— y estás utilizando mucha más musculatura en tu core”, dice Goldman. “Esto en realidad es más útil, por ejemplo si practicas surf y tienes que levantarte de la tabla rápidamente”.
El día de la pierna presenta una oportunidad similar. “Gran parte de la forma de hacer que tu entrenamiento sea más funcional es minimizar el uso de máquinas y, en general, realizar ejercicios de pie”, dice Goldman. Está claro que levantarás más en una máquina de prensa de piernas que haciendo una sentadilla de espalda, pero al prescindir de la mayor parte de tu core y de tus músculos estabilizadores, estás perdiendo mucha funcionalidad práctica. “Muchas veces en la vida necesitas ser capaz de soportar una carga mientras estás de pie”, continúa Goldman. “Pero, ¿cómo se podría traducir la funcionalidad de un press de piernas a la vida real? ¿Empujando un coche atascado en un zanja y envitando que te aplaste? Ambos ejercicios entrenan los mismos músculos de forma muy parecida, pero si haces las cosas de pie, vas a disponer de mucha más capacidad de empuje”.
El entrenamiento funcional no es un todo o nada. Nadie te está diciendo que dejes de hacer banca o curl de bíceps. De hecho, no tienes que cambiar ni un solo ejercicio de tu rutina actual para sacarle algún beneficio. El entrenamiento funcional puede ser muy aditivo, afirma Alex Rothstein, fisiólogo del ejercicio y coordinador del programa de Ciencias del Ejercicio en el Instituto de Tecnología de Nueva York.
“Puedes hacer algo tan sencillo como levantar un par de mancuernas pesadas al final de tu entrenamiento y caminar 30 metros hacia delante y hacia atrás. Eso es una tarea bastante funcional que implica todo el cuerpo”, dice. “Es una forma estupenda de añadir entre 60 y 120 segundos de ejercicio funcional al final de la rutina. Así que, en realidad, no requiere grandes cambios. Pequeños retoques pueden cambiar realmente la definición de tu entrenamiento de resistencia tradicional a entrenamiento funcional”.
A menudo hablamos de entrenamiento funcional en términos de preparación del cuerpo para los tipos de movimientos que la mayoría de la gente espera tener que practicar: cosas como cargar con una maleta escaleras arriba o vaciar el lavavajillas. Pero la verdadera belleza del fitness funcional reside en cómo se puede adaptar a cada estilo de vida e incluso a cada entorno. “Por ejemplo, si vives en un lugar donde hace mucho frío y quieres asegurarte de no resbalar, tu versión del entrenamiento funcional podría incluir el entrenamiento en una superficie inestable”, como un balón Bosu, dice Goldman.
Del mismo modo, “si quiero hacer paddle surf de pie, tiene mucho sentido hacer un entrenamiento anti-rotacional porque así estoy resistiendo la rotación, como en un Paloff press”, dice. “Este es el tipo de entrenamiento realmente funcional para alguien que practica paddleboard de pie o kayak, pero podría no ser particularmente útil para alguien que practica cualquiera de los otros 500 deportes donde eso no es necesario”.
Si tu principal prioridad es desarrollar bíceps y pectorales, entonces la manera más rápida de conseguirlo es centrarse en esos músculos (press de banca, curl de bíceps y similares). Pero el entrenamiento funcional también puede ser útil en este caso, tanto si lo incorporas a la rutina habitual. como si sólo lo practicas unas semanas cada dos meses. En concreto, el entrenamiento funcional puede ayudar a reforzar cualquier punto débil que pueda estar frenándote y estancándote.
“Probablemente acabarás cubriendo muchos de los eslabones débiles”, dice el Dr. Rothstein. “Al abordar esos músculos en desequilibrio, puedes permitir que esos otros motores principales crezcan aún más”. No sólo eso, sino que al mimar esos músculos de apoyo que están pidiendo atención a gritos, aunque sea en dosis periódicas de fitness funcional, puedes conseguir un físico más formado que con tu rutina habitual.